Tapa del disco Realidad año 1983

Realidad fue editado en junio de 1983.
Todavía no había comenzado la democracia.
El tema realidad fue prohibido y por eso está tachado en la lámina.

Realidad fue editado en junio de 1983.
Todavía no había comenzado la democracia.
El tema realidad fue prohibido y por eso está tachado en la lámina.
Mañanas de invierno a las 7:40, las luces de la plaza San Martín se funden contra el cielo violeta, lila, naranja fuego del amanecer que recorta la silueta de la Torre de los Ingleses en Retiro.
El túnel me recibe con Juan que sin verme comienza su letanía: “-una ayuda, una ayuda”, hasta que lo saludo y sabe que soy yo, el guitarrista de la estación San Martín de la línea C de subterráneos de Buenos Aires.
Una vez saludados sigo mi camino hasta la escalera mecánica y armo mi equipo. Son las 7:50.
Enseguida comienzo a repetir mi letanía guitarrística con melodías suaves que acompañan el despertar de los cientos de pasajeros que, aún dormidos, se dirigen a sus trabajos todos los días.
“Plinc”, la primera monedita me dice que elegí la correcta (según el día y la atmósfera ese mismo tema puede generar una lluvia de adhesiones o la más gris indiferencia).
Y así se suceden melodías y caras y más caras y más melodías hasta que la mañana vuela en un sin fin de saludos: “-Buenos días”, que van incluídos como respuesta a esta nueva forma de contacto con el público que pasa, en vez de ser el artista el que entra y sale del escenario, son ellos, los pasajeros los que se asoman y se alejan del músico que los recibe en su rincón, para verlos irse, bailando o silbando algunos, bostezando otros y la mayoría haciendo algún gesto de complicidad con el personaje que por un segundo y sin permiso los desplaza de su rutina para llevarlos al arcón de sus memorias en donde descansan recuerdos y personas que se ocultan en músicas olvidadas y que los sorprenden a la vuelta de un túnel cualquiera de la mano de un servidor: Pedro Conde, guitarrista.
“Qué dulce encanto tiene en mis recuerdos…
El viento me dice que ya viene la gente, empujando el aire y comprimiendo el sonido de esta melodía clásica en los túneles porteños.
…aromada florecita, amor mío de una vez…
El primer pasajero hace su carrerita de todas las mañanas, porque puntualmente pasa tarde, pero antes emboca dos monedas y un saludo alegre.
…la conocí en el campo allá muy lejos una tarde, donde crecen los trigales…
No entiendo a esa señora muerta de ganas de mirar la guitarra, forzándose a seguir su camino, dura y fría.
…y así nació nuestro querer, con ilusión, con mucha fe…
“Buen día” una, dos, tres, cien, doscientas, trescientas veces por día y la alegría rebota por las paredes del túnel, molestando de vez en cuando a algún amargo crónico.
…pero no se por qué la flor, se marchitó…
El túnel va quedando vacío y por entre el silbido del último pasajero se cuela un llanto. Me asomo y observo una pareja que por la actitud debería estar separándose, él sentado en la escalera, tomándose la cara con las dos manos y ella consolándolo tiernamente.
No peleaban, sólo se decían adiós.
…como una queja errante, en la campiña va flotando…
Acompañé ese momento con las melodías más sentidas que pudieran ocurrírseme y a la vez aplacar toda esa tristeza, pues sentí que ellos habían escogido ese lugar por su música.
…y amándola con loco amor, así llegué a comprender lo que es querer…
Luego de un buen rato de lágrimas y melodías, él se alejó por la escalera hacia el exterior y ella en sentido contrario, hacia la estación.
Al pasar a mi lado le pregunté: ¿Cómo te llamás?, y ella sin mirarme respondió:
Merceditas.”
Pedro Conde
27/6/04
Alberto viene todos los días desde Burzaco.
Hace dos semanas consiguió una obra cerca de la estación y su camino obligado lo lleva a través del túnel desde entonces.
La guitarra le dio la pista, pero ese día vio mi nombre en un cartelito que anunciaba el próximo recital y soltó:
- ¿Sos vos?
Frente a tamaña pregunta no pude evitar la respuesta del caso:
- Creo que sí.
- ¿Pero sos vos, el del Romance del niño ciego?
- Ah!, entonces sí.
Los ojos se le humedecieron y en un torrente de frases me explicó que ese tema y la Milonga de Plaza de Mayo lo habían inspirado desde hace más de veinte años.
Su mano es áspera de trabajo y al dármela transmitía la fuerza de todo lo que quería decirme y no cabía en su boca.
Me explicaba que los días anteriores, al pasar a la carrera, creyó reconocer los arpegios que durante años lo acompañaron en su memoria, pero al confirmarlo tuvo claro que hay cosas que identifican más allá de las palabras y las imágenes visuales, entran y habitan el alma hasta que encuentran el momento para volver al exterior.
- No lo puedo creer…
Así estuvo un rato, diciéndome que no podía ser que yo estuviera en un túnel subterráneo, cambiando melodías por monedas y sonrisas.
Cacho canta ópera aficionadamente y las canciones de mariachi lo trasladan a otra dimensión.
En un intervalo entre cigarrillo y cigarrillo me hace visitas y canta “El rey” o me escucha atentamente tocar algo de los Beatles.
En el mismo instante en que trataba de explicarle a Alberto lo feliz que soy tocando donde sea, apareció sonriendo e inmediatamente vi la forma de mostrar algo que no cabe en las palabras…
- Cacho, cantá El Rey
Y ahí nomás largo.
- “…pero el día que yo me muera vas a tener que llorar…”
La gente pasaba como un río y Alberto miraba sorprendido.
Goyo compone chamamé y al dejar la monedita de todos los días junto a su sonrisa y el saludo de siempre, sentí que la oportunidad me ayudaba de nuevo…
- Goyo, cantá una tuya
Y ahí nomás largo un chamamé canción de su autoría mientras me dictaba:
- Tono, dominante, tono….
La gente pasaba como un río y Alberto y Cacho miraban sorprendidos.
Rogelio canta tango y bailó junto a Pedro Sombra (sí, el hermano de Ramona Galarza) y su ballet, allá por el ´64. Acaba de ser abuelo de Camila Morena y su felicidad invade la estación y la hace vibrar.
Otra vez la oportunidad llegaba …
- Rogelio, cantate un tango…
Y ahí nomás largó:
“Nostalgiaaaaaaa, de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca, como un fuego su respiración…”
La gente pasaba como un río y Alberto, Cacho y Goyo miraban sorprendidos.
Facundo compone chacareras y a mi entender es muy bueno, pero el puchero es sordo y hay que arrimar los porotos cotidianos, así que todos los días me deja su monedita y una sonrisa y sigue a su trabajo, pero esta vez la oportunidad llamaba de nuevo
- Facundo, cantate la que le hiciste a Caleta Olivia.
Y a Caleta Olivia le cantó su chacarera bien santiagueña.
La gente pasaba como un río y Alberto, Cacho, Goyo y Rogelio miraban sorprendidos.
Juancito tiene doce años y está de vacaciones, así que visita a su papá en el túnel y juega a la pelota con Santiago, su hermanito menor mientras no pasa gente.
Otra vez la oportunidad.
- Juancito, tocate una…
Le di la guitarra y empezó a arpegiar “Blackbird”
La gente pasaba como un río y Alberto, Cacho, Goyo, Rogelio y Facundo miraban sorprendidos.
El túnel comenzó a taparse y las caras de los pasajeros indiferentes viraron al gris, lo que disolvió la reunión en el acto.
La gente pasaba como un río y los “juegos prohibidos” sonaron nuevamente.
Tres cuartos de siglo acaba de cumplir.
Pero a excepción de las arrugas, Blanca es el ser mas joven y luminoso que me brinda su amistad en el túnel
Como tantos otros, ella se detiene para darme un beso y preguntarme por mis cosas, pues lo que hablamos queda registrado en su memoria y así, sin querer vamos armando el rompecabezas de la vida de cada uno, desordenadamente.
Su infancia en Paraná, el precio del tomate, el aumento de las expensas, “…teneme la viola que tengo que ir al baño” o simplemente su cara de circunstancia mientras pasa la gente y yo continúo tocando.
Está sola.
Dice que de joven tenía muchos pretendientes, pero que por una cosa o por otra no le vino bien ninguno y la edad la sorprendió sin otra compañía que su trabajo cotidiano y su departamentito de Belgrano comprado a base de mate y galletas durante años.
Por eso se aferra a nuestra amistad como un náufrago en ese mar de gente que “sabe a dónde va”. Y tiene tiempo. Ese tiempo no programado que nos brinda mayor espacio para la sorpresa.
Cree que Internet es algo imposible de entender para alguien de su edad.
Por eso me empeñé en que aprendiera y una vez por semana largo la parada una hora para enseñarle en un ciber cercano.
Es hermoso verla luchar contra los íconos, las claves y la lógica que implica su funcionamiento, mientras va diciendo que no sirve para eso.
Hace unos días me envió un mail sin mi ayuda.
Julio César toca el piano todos los mediodías en el Hotel Plaza.
Siempre pasa a la misma hora, pero un día de marchas de protesta nos conocimos.
- “Salí corriendo que ahí vienen los piqueteros”.
No me dio tiempo a responderle, pero a la mañana siguiente me preguntó qué había pasado y le dije que no me moví de mi lugar y que, al pasar la columna, los piqueteros de adelante me cargaban, los piqueteros del medio les chistaban para escuchar y los piqueteros del fondo tiraron monedas. Los carteles decían “Corriente clasista y combativa” pero por lo que observé, eran gente común yendo hacia su actividad, sólo que en vez de hacerlo individualmente lo hacían en masa.
Desde ese día, Julio y yo nos saludamos muy afectuosamente, tanto es así que cuando le conté acerca de mi recital en la Peña del Colorado, lo primero que me preguntó fue cómo pensaba ir vestido.
Yo le dije que nunca le di importancia al vestuario y él dijo que la imagen era una parte de lo que brindamos en escena.
Al día siguiente me regaló un smoking.
Al saber que era pianista de un hotel tan importante, le dije que debería ser muy buen músico, pero allí mismo me dio una clave que quedará grabada en mi memoria para el resto de mi vida:
“Lo importante es emocionar.”

Presentación de “Realidad” en Obras Sanitarias junto a los lanzamientos de “Edelmiro y la galletita” y “Pintada”, de Edelmiro Molinari y Emilio del Güercio respectivamente.

“Fuera de la parroquia”. Espectáculo realizado en el teatro I.F.T. junto a La Barraca y Xeito Novo.