Manifiesto subterráneo
El Sábado 20 de mayo salió en todos los diarios, la noticia de que el señor jefe de Gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires, clausuró por decreto el Marquee, local de conciertos roqueros funcionando desde hace mucho tiempo y brindando un espacio digno y eficiente para los recitales de muchísimas bandas chicas y medianas (hasta 400 o 500 personas). Toda una artesanía en espacios para ese tipo de eventos.
Pero a partir de un error del diario Clarín en donde se me confunde con el soldado, y que titulaba:
POR EL MARQUEE PASARON DESDE CALLEJEROS HASTA LEON GIECO
Clausuran por decreto un conocido boliche rockero
Según la Comuna, el dueño del local violó al menos dos veces una anterior clausura.
Para leerla haga click en el siguiente link:
http://www.clarin.com/diario/2006/05/20/laciudad/h-07001.htm
Decía que a partir del error de Clarín, surgen algunas reflexiones que desearía dar a conocer.
Desde los lugares que José Luis Luzzi creó, se lanzaron muchas bandas que hicieron historia, que pasaron de 500 a 5000 y hasta 50000 personas en pocos meses.
Lo que se dice un verdadero trampolín a la fama.
Generaciones han pasado por los lugares que Luzzi regenteó y muchos padres de los que hoy se rasgan las vestiduras porque los matafuegos no están pintados de violeta durmieron tranquilos mientras algún hijo o sobrino o amigo de la familia escuchaba tranquilamente un poco de música en estos lugares.
Me extraña que luego del altar de la patria, de Malvinas y de cada curro escandaloso de nuestra historia, todavía creamos que un decreto protege y beneficia a aquellos que dice proteger y beneficiar.
Telerman es dueño de la trastienda, un lugar que supe abarrotar en sus orígenes y al cual hoy no tengo acceso, decreta voltear a Luzzi y dar el ejemplo a aquellos que no se avienen a esta modalidad de control amparado en las muertes de Cromañón y ejecutado por el mismo plantel de inspectores que supieron no ver el peligro en su momento y que ahora tienen chapa para verlo en cualquier parte.
Está clarísima, para mí la manganeta y lo digo simple: lo que no se avenga a las formas impuestas será excluído definitivamente.
Una ciudad donde los amargos pueden prohibir a la gente bailar espontáneamente en donde sea (hay que estar muy en pedo para ponerse a bailar corriendo peligro), está condenado a la inmovilidad o lo que es peor, a bailar al ritmo que nos impongan.
Luzzi generó espacios donde había que inventarlos y trató de construir otros acordes a lo que se venía: las bandas grandes que llenan estadios de fútbol, no tenían lugares de hasta 10000 personas donde hacer varias funciones, lo que los obligaba a no laburar entre estadio y estadio (no hacés un estadio todas las semanas y para tocar bien tenés que hacerlo muchas veces).
Todo esto paralelamente a que la mayoría de los músicos “chicos”, entre los que me incluyo, deben patear y patear puertas buscando oportunidades que nunca llegan.
Por eso y para terminar es que expongo una idea para que los artistas y los potenciales consumidores de su arte, tengan posibilidad de encontrarse sin intermediarios. Un lugar donde puedan bailar y cantar o tocar algún instrumento junto al artista que quieran o mejor, que encuentran.
Ese lugar está en los túneles del subterraneo, en horarios y estaciones vacías en ciertos momentos del día.
Es posible implementar un modo de encuentro que nos libere de pautas impuestas por el interés y la mezquindad..
Que los artistas sean comprometidos con su obra, requiere de un público comprometido con ese trabajo.
En síntesis: basta de delivery cultural, donde hasta al Dalai Lama lo podés ver llamando a ticketek (o como se escriba).
Es necesario que el público soberano mueva sus cuartos traseros y averigüe dónde están pasando las cosas excluídas de la vidriera oficial.
Pedro Conde
Aquí les paso un link de una nota de Clarín de octubre del 99 realizada por la periodista Sibila Camps en donde cuenta uno de esos trabajos de integración con el público en la escuela de mis hijos.
Como dato interesante, les cuento que también fue mi último show con el primer afrocandombe.
